
Festival de Willingen (Alemania)
Hay veces que
en un viaje hay situaciones que a uno se le van presentando, coincidencias,
casualidades, momentos que se dan en tiempo y espacio en formas
increíbles, que hacen sospechar que alguien podría
estar moviendo los hilitos detrás de un supuesto telón
en el cual nosotros somos los actores.
En junio de este año estaba en Colonia, Alemania, llevaba
más de 15 días recorriendo Berlín, Hannover
y Colonia, visitando y al mismo tiempo intentando contactar gente
del mountain bike local sin mucho éxito hasta ese momento.
Ya había perdido las esperanzas y había decidido partir
al día siguiente a Arhem, Holanda, camino a la estación
de tren, encontré una revista de mountain bike que tenía
sus oficinas en Colonia, justo donde yo estaba en ese momento. Me
puse en contacto, el dueño y editor no podía recibirme,
pero el jefe de redacción no tenía mayores inconvenientes
para hacerlo.
Se llamaba Uwe, y durante una hora estuvo escuchando y viendo fotos
sobre mountain bike en Argentina, un poco sorprendido por ver tan
lindos paisajes sudamericanos, pero sabiendo igualmente, que por
trabajar en una revista de Downhill (descenso) era prácticamente
imposible publicar un artículo sobre mis travesías,
ya que eran temas muy diferentes.
En la redacción tenían repuestos de bicicletas de
descenso de primer nivel, revistas, barras y líquido energizante
y me ofreció literalmente que me lleve lo que quiera. Grande
fue mi angustia, ya que me quedaban dos meses de viaje y la mochila
estaba a full.
Nos estábamos despidiendo y justo en ese momento hizo un
gesto para que no me vaya (ya que su ingles era sencillo y mi alemán
inexistente) para contarme que a los dos días se iba a realizar
en un predio a 150km de Colonia, en Willingen, el festival más
importante de Alemania y Europa. Sonó muy buena la propuesta
y quedamos en que la noche anterior y posterior al Festival, podía
alojarme en su casa. Como argentino prejuicioso, traté de
ver segundas intenciones detrás de la oferta, pensando en
que el alemán podría ser un poquito "raro",
pero la calidez y hospitalidad que él y su novia me brindaron,
fue de otro planeta.
Partimos finalmente ese sábado por la mañana, charlando
sobre la vida en Argentina y Alemania, la caída del muro,
la guerra de Malvinas, nos preguntamos todo lo que nos interesaba
saber sobre cada país, hasta llegar, luego de dos horas de
auto a través de pueblos de ensueño en medio de campiñas
sembradas de verde y llenas de árboles a Willingen.
El festival era organizado por "Bike Magazine", la revista
de mountain bike más importante de Alemania, en forma anual.
Fue impresionante llegar y encontrar todo el perímetro cercado
y miles de autos en el estacionamiento. En ese momento empecé
a sospechar que lo que me había contado Uwe era así.
Todo el festival se desarrollaba al aire libre, en medio de un paisaje
de sierras hermoso.
Entramos como periodistas, yo representando a la Argentina, y enseguida
me dieron un montón de información en alemán
e inglés, y me presentaron a la gerente de relaciones públicas
quien más tarde me presentó con más gente todavía.
En ese momento en todo el festival había 20.000 ciclistas,
cada uno con una bicicleta superior a la otra, se estaban desarrollando
salidas amateurs, simultáneamente se desarrollaban carreras
clasificatorias, y en un calendario del día figuraba la aparición
de Hans Rey, conocidísimo ciclista de trial famoso por su
habilidad y exotismo a la hora de hacer pruebas.
Además se realizaba un desfile de modelos con ropa ciclística,
estaba prevista la aparición en público de Nicolás
Vouilloz, el campeón mundial de descenso, había un
salón de conferencia de prensa para periodistas y había
infinidad un área de exhibición de stands con 130
marcas mundiales de bicicletas (muchas no llegan a Argentina) y
accesorios, en las cuales se podía ver desde prototipos hasta
los nuevos modelos para este año.
Si todo esto no era suficiente, había una especie de columpio
vertical en bicicleta en el cual salían todos mareados y
ganaba el que más vueltas daba y había una barra gigantesca
y redonda, cubierta por una sombrilla gigante, en la cual se tomaba
de la mejor cerveza alemana, y estaba a full en cualquier horario.
Alterné esa tarde, entre ver la competencia, recorrer los
stands, escuchar los comentarios del campeón mundial y ver
a quien hacía las mejores piruetas. Luego de un choripan
a la alemana y una Warsteiner conocí a los editores de la
revista, que se mostraron interesados en publicar info sobre Argentina
y los prestadores de travesías de Europa, que organizan igual
que nosotros en Argentina, pero con otro presupuesto y envergadura,
el Transalp.
Fue una tarde súper constructiva en la que se reunió
ciclistas y profesionales, expertos y novatos, empresas y consumidores
en la que se podía palpar la vida de este deporte en Alemania
y Europa.
Como conclusión, además de haber vivido un día
espectacular, en el que la casualidad y la coincidencia me jugaron
un día increíble, me llevé la seguridad y certeza
de que con profesionalismo y organización, salvando las distancias
económicas, podemos realizar algo similar en Argentina.
Mariano D'Alessandro
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