
Interlaken- Grindelwald- Keidd Scheidegg Junio
del 2000
Luego de dos meses de estar recorriendo
y paseando por Europa tenía varias preocupaciones, pero una
de ellas me estaba matando, me estaba consumiendo por dentro, era
algo que tenía que darle solución urgente: hacía
dos meses que no andaba en bicicleta!!
Durante dos meses había estado recorriendo a pie, diferentes
países de Europa, desde las playas y la calidez de Grecia
hasta la seriedad y formalidad de Dinamarca.
Acababa de llegar a Suiza, venía de Francia, precisamente
de Chamonix, un paraíso que tiene el privilegio de estar
junto al Mount Blanc, el más alto de Europa con más
de 4800 metros. Había pasado por Ginebra, y acababa de llegar
a Interlaken.
Ese día de llegada estuve de pésimo humor: en el tren
había perdido mi guía Let's go y encima no había
lugar en los hostels y lo peor no tenía mi guía para
saber donde buscarlos. Finalmente encontré encontré
el Happy inn, un pub que tenía en su piso superior un hostel
manejado por "Jan" un suizo gordo y pelirrojo de película,
y encima le quedaba una sola cama!! Los dioses volvían a
estar conmigo!
Luego de desensillar, salí a recorrer Interlaken, que en
todo Europa, sonaba como uno de los paraísos para la práctica
de deportes de aventura. También se sabía que había
que tener precaución por la alta cantidad de accidentes que
allí se daban. Resultó ser una ciudad ubicada en medio
de dos lagos y en un valle entre montañas con un estilo y
arquitectura espectacular.
Cené esa noche en el Happy Inn, decidido a alquilar una bici
al día siguiente. A las 9.00hs estaba en el negocio de alquiler
y me decidí por una Nakamura doble suspensión. Luego
de hacer 1km y apenas salir del centro de la ciudad, pasa lo increíble!
Se nubla y se larga a llover!! Imagínense: la mala suerte
no me dejaba en paz, los dioses estaban jugando conmigo!! Allí
tuve que quedarme, en el alero de un supermercado, esperando, no
se a que, ya que el chaparrón era descomunal y ni siquiera
podía volver a devolver la bicicleta. Pero así como
comenzó, se fue. Eran las 12 hs del mediodía y se
estaba convirtiendo en un día espectacular. De a poco comencé
a pedalear hacia Grindelwald, ubicada a 1034 mts y la sensación
de alegría y libertad eran increíbles, los ríos
bajaban con toda la furia, los árboles goteaban por la lluvia
pasada, el sol comenzaba a quemar con energía y del pavimento
subía el vapor del agua que comenzaba a evaporarse.
Por mi parte ascendía contento, sintiendo el esfuerzo, pero
eufórico por el entorno que me rodeaba que era de película:
los valles verdes, los establos de madera, las vacas estilo publicidad
de chocolates... a las 14hs estaba en Grindelwald, asombrado por
la cantidad de visitantes japoneses. Almorcé queso, pan y
unos facturas de almendras espectaculares. Cuando había terminado
de almorzar, comenzaba a nublarse nuevamente, y allí se me
ocurrió lo insólito: en vez de pensar en volver a
Interlaken fui a la oficina de Turismo para saber a donde podía
seguir. Encontré lo que buscaba, podía seguir subiendo
hasta los 2061 metros a Keidd Scheidegg y desde allí regresar
a Interlaken por el otro lado de la montaña.
De cabeza dura comencé a subir, durísimo, no sabía
donde poner la mochila, no encontraba posición, y la doble
suspensión endurecida a fondo, seguía haciendome perder
mucha energía. Me habían dicho que los buenos subían
entre 2 horas y 2 horas y media, finalemente intercalando el pedaleo
con la marcha a pie llegué a los 2061 metros luego de 2 hs
45 minutos agotado, pero con una satisfacción interna indescriptible.
En el camino había pensado mil veces en pegar la vuelta,
en quien me había mandado, la lluvia, el viento habían
hecho la subida más pesada, sobre todo por el cambio de temperatura,
pero a las 18 horas estaba en este lugar donde llega el segundo
tren de los tres tramos a cremallera que alcanza los 3454 metros
sobre el nivel del mar en Jungfrajouch, el lugar más alto
a donde llega un tren en Europa. Desde donde yo estaba me tomé
una foto con el tren de fondo y viendo las montañas me preparé
para lo que era el premio a tanto esfuerzo: pure downhill hacia
Interlaken!! Un alemán me rogaba que le subalquile la bici
para el descenso, imaginense, luego de tanto esfuerzo ese descenso
valía muuuuucha plata!
En los primeros minutos tuve que habituarme a la doble suspensión,
al frenado y forma de doblar de la bici, no era cuestión
de darme un tortazo y tomar varias horas para que me encuentren
en este sendero solitario. El descenso era increíble, una
inyección de adrenalina pura, a la par que las montañas
iban cambiando, los mismo que las cabañitas de montaña,
con sus establos y galpones de grano. Todo el entorno era de película,
por lo hermoso y ordenado, parecía un cuadro naif.
Luego de media hora de bajada, apareció el primer pueblito
Wengernalp, y siguiendo los cartelitos rojos con un dibujito de
una bicicleta iba cruzando pueblito tras pueblito. En un momento
en medio de una bajada, me gritan de atrás, era un descensista
con casco integral que me estaba pasando!
Luego del susto, tuve ganas de seguirle el ritmo, pero mi conciencia
y el piso mojado me hicieron ver que si me pasaba en una curva no
solo se me acababa mi viaje sino que me tenían que sacar
con espátula!
Seguí por Wengen, luego por Wenwald en donde tuve que hacer
una bajada en la que se bajaba por un precipicio y no había
recta que fuera de más de treinta metros con curvas riesgosas
de 180° hasta finalmente conectar con el pavimento en Lauterbrunnen.
Desde allí y nuevamente con los ríos que bajaban muy
caudalosos fui directo a Interlaken, hasta llegar al Happy Inn luego
de más de 70 km demoledores.
En el final, alrededor de las 20hs, mientas todos los suizos me
miraban, yo hice mi sesión de elongación todo embarrado
en el jardín del Happy Inn para aflojar dorsales, cuadriceps
y gemelos y luego la sesión de hidratación con una
buena Carlsberg que coronó una día inovidable.
Texto y fotos: Mariano D'Alessandro
Para más información:
4776-3727
info@mtbtours.com
  
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