
LAGOS DEL
SUR
La Partida
Había llegado por fin el día que esperábamos
con tanta ansiedad.
Viernes 7 de enero, 19.30 hs, edificio Rulero en Capital Federal,
estaba todo listo para comenzar una de las aventuras mas emocionantes
que me ha tocado vivir. Parecía que no íbamos a poder
convivir en el reducido espacio del Minibus durante tantas horas
de viaje pero ni bien terminamos de cargar las bicicletas y el equipaje,
nos despedimos de amigos, familiares y novias y partimos dejando
atrás el pavimento y la ciudad, Bariloche, donde comenzaba
nuestra travesía de mountain bike por los Lagos del Sur argentino.
El trayecto continuaba luego por Villa la Angostura, el camino de
los siete lagos y San Martín de los Andes.
El viaje era largo por lo que intentamos calmar la ansiedad entre
películas, revistas y mapas con la descripción detallada
de la travesía que en ese momento comenzábamos.
Llegamos a San Carlos de Bariloche exactamente 24hs después,
luego de haber atravesado las provincias de Buenos Aires, La Pampa,
Neuquen y Río Negro, hasta llegar al "Refugio Cordillera",
un albergue de madera, ubicado frente al Lago Nahuel Huapi y frente
al Cerro Lopez, decorado con muy buen gusto, recordando las viejas
postales de tinte alpino.
Fuimos recibidos cálidamente, y esa noche festejamos nuestro
arribo con un asado, cerveza y champagne, festejo antideportivo
permitido solo por excepción, para festejar nuestra llegada.
Al día siguiente, después de madrugar y desayunar
muy temprano -entre las 9.30 y 10hs- salimos en vehículo
hacia el centro de Bariloche para tomar la Ruta 258, la que se dirige
hacia El Bolsón.
La Aventura
El plan para esa jornada era llegar hasta la Laguna Llum, por lo
que era preferible evitar el pedaleo en la ruta céntrica
de Bariloche.
Bajamos las bicicletas sobre la Ruta 258, diez kilómetros
antes del desvío hacia la laguna y luego de chequear todo
-equipo mecánico, botiquines, alimentos, abrigo- partimos
hacia la laguna, con la promesa del guía de encontrar el
mismo paraíso. Ese trayecto con suaves pendientes ascendentes
y descendentes era un paseo, con el atractivo extra de estar en
medio de las montañas, disfrutando del sendero que seguía
las orillas del Lago Gutiérrez a mano derecha.
Luego tomamos por el camino, que luego se convierte en sendero,
que va hacia la laguna.
En un comienzo el camino es abierto, apto para vehículos
y rodeado por un importante manto vegetal. Se deben vadear dos arroyos,
uno de ellos llamado Arroyo Fresco que hace honor a su nombre.
De a poco el camino se convierte en un sendero, la vegetación
se cierra y se hace más exuberante y frondosa y la conducción
de la mountain bike comienza a ser más técnica y entretenida,
subiendo durante trechos largos, pero aprovechando todas las bajadas
a gran
velocidad, hasta llegar hasta los 45km/h, que para un sendero de
un metro de ancho es mucho.
Luego de un par de sustos se recupera la prudencia y se comienza
a observar y sentir el lugar. No hay un alma, excepto nosotros -solo
se escucha el sonido de miles de pájaros- y el camino comienza
a complicarse con pendientes ascendentes y descendentes muy pronunciadas
y muchos troncos de árboles caídos que nos obligan
a cruzar a pie.
Llegamos a una playa paradisíaca, el Lago Mascardi, es el
paso intermedio antes de llegar a la Laguna, y después de
almorzar y de una siesta reparadora, hicimos el tramo final. Nuestro
guía local tenía razón, llegamos y disfrutamos
esa tarde del mismo paraíso, mientras nos recuperábamos
con alguna barrita energética, no dejábamos de admirar
la belleza de los Andes. Rehicimos el sendero de vuelta y encontramos
al vehículo de apoyo que nos estaba esperando y que luego
nos acompaño durante diez kilómetros de ruta hasta
que decidimos cargar todas las bicicletas y llegar hasta el refugio.
Llegamos y dimos cuenta de te, merienda y cena todo junto, mezclado
con partidos de truco en los que se jugaba de todo.
Como en todo el viaje, el segundo día fue despejado pero
más ventoso. Partimos más temprano, hacia la base
del Cerro Otto (1400ms.n.m.), para subirlo en nuestro vehículo
de apoyo.
Eltrayecto de ocho kilómetros se hizo rápidamente,
almorzamos y luego del descanso preparamos las bicis para el descenso.
Aquí el paisaje era sencillamente espectacular, podíamos
observar toda la ciudad de Bariloche, el Lago Nahuel Huapi como
telón de fondo, las montañas de los Andes y las agujas
del Frey, algún pico nevado y los parapentistas dibujando
figuras en el cielo.
Pasamos por el refugio donde vivió el alpinista alemán
Otto Meiling, y comenzamos el descenso por la parte sur del Cerro
Otto.
Solo senderos y descensos
Todos los ciclistas bajaban con una sonrisa tipo "feliz cumpleaños"
por lo divertido y emocionante de este descenso. El sendero tenía
un metro de ancho, curvas y contracurvas y rectas que surcaban por
el medio del bosque y en las que se alcanzaba gran velocidad. Por
más que se dieron las recomendaciones necesarias, más
de uno tuvo alguna frenada de emergencia y tal vez hasta algún
aterrizaje forzoso sin serias consecuencias. El problema surgía
en cada curva, dado que el suelo estaba muy seco a falta de lluvias
y quedaba una nube de polvo flotando en el aire ante cada pasada.
Llegamos a la orilla del Lago Gutiérrez y el clima había
cambiado: estaba muy ventoso y asomaba un frente de tormenta que
lentamente se iba acercando, por lo que almorzamos y partimos hacia
la base del Cerro Catedral, donde no pedaleamos pensando en que
la llovizna se convertiría en lluvia.
Para el tercer día en Bariloche había que madrugar
seriamente. Partimos hacia el Río Manso que se encuentra
a 70km al sur de Bariloche. Allí disfrutamos en ese día,
un sendero de 20km de distancia, que acompaña al verde Río
Manso hacia la frontera con Chile. No hay palabras para definir
la belleza de este día, los paisajes estilo Suiza, los diferentes
tonos de verde, las montañas y el río, todos juntos
formando una acuarela indescriptible. El camino fue muy divertido,
cambiando constantemente, obligándonos por momentos a prestar
atención, y por sobre todo permitiéndonos disfrutar
de la bici y la naturaleza.
En la siguiente jornada nos despedimos de Bariloche para llegar
al mediodía a Villa La Angostura, parando en el camping Osa
Mayor. Durante la tarde, partimos en vehículo hacia la base
del Cerro Bayo donde se encuentran las aerosillas del centro de
Ski. Las caras de pánico de gran parte del grupo no se debían
a la manera como nosotros llegaríamos a la cumbre del cerro,
sino por la forma en que subirían las bicis: estas iban enganchadas
en las aerosillas solo por la parte delantera del asiento de la
bicicleta.
Nuevamente, allí arriba, desde los 1.782 m.s.n.m. del cerro,
el paisaje es indescriptible con el Nahuel Huapi, la Península
de Quetrihué, el Cerro Tronador todo nevado y la Isla Victoria
en el horizonte. Como estaba ventoso y hacia frío, nos abrigamos
bien y comenzamos el descenso por el conocido camino panorámico
que tiene varios metros de ancho. Esta bajada fue la más
veloz y
vertiginosa, todos bajaban a los saltos frenando solo para tomar
cada curva o para evitar el terreno arenoso que podía jugarnos
una mala pasada. Se superaron los 55km/h y excepto
una cámara que reventó ante un golpe con una piedra,
no hubo desperfectos.
En este tipo de trayectos es recomendable llevar
repuestos ya que por la dificultad del camino puede haber roturas
y por sobre todas las cosas el uso del casco. Ya de vuelta en el
campamento, cenamos y fuimos a Villa la Angostura.
La meca del mtb argentino
En el día cinco, partimos hacia el puerto, donde comienza
el sendero de doce kilómetros que va hacia el Bosque de Arrayanes
en la Península de Quetrihué. Predomina el ascenso
a la ida y se pedalea en medio de un bosque de árboles milenarios,
se pasa muy cerca de las Lagunas Hua Huan y Patagua, hasta llegar
a una playa en el Nahuel Huapi, en el extremo sur de la península.
Allí también se encuentra la tranquera por donde se
entra al conocido Parque Nacional que alberga al bellísimo
Bosque de Arrayanes. Dice la leyenda, errónea, que Walt Disney
se inspiró en este bosque al crear "Bambi".
El lugar transmite la belleza de la obra de nuestro creador, se
respira un aire de naturaleza, un aroma indescriptible y los arrayanes,
con su color ocre anaranjado, inundan todo el horizonte. Todo está
bien mantenido y cuidado por Parques nacionales, ya que no solo
llega el turismo por el sendero que utilizamos nosotros, sino que
se agregan grandes catamaranes desde Bariloche y Villa la Angostura.
La vuelta fue increíble, espectacular, con la mayoría
del trayecto en descenso, disfrutamos de cada curva, cada salto,
cada paisaje que cruzaron nuestras retinas, dejando un recuerdo
imborrable. Nuevamente en Villa la Angostura nos detuvimos a comer
panqueques y waffles, la conciencia nos permitía de todo
luego de tanto ejercicio físico y de tanta bicicleta.Al día
siguiente partimos en vehículo hacia San Martín de
los Andes por la Ruta 231 y a poco de partir encontramos el Lago
Correntoso que se comunica con el Nahuel Huapi por medio del Río
Correntoso, el más corto del mundo por el caudal que lleva.
Este río, que impresiona por su color verde esmeralda, es
muy propicio para la pesca de truchas.
Siete kilómetros más adelante, la Ruta 231 continúa
hacia el Paso Puyehue y Chile, y allí tomamos el desvío
de ripio, el conocido camino de los Siete lagos o Ruta 234, hacia
San Martín de los Andes.
Llegamos a la ciudad, y todos disfrutamos de ese día de descanso,
yendo de compras, descansando en la playa o tomando un chocolate
en una de las casas de te que hay en la ciudad. En la noche salimos
a cenar, y por primera vez pudimos vestirnos de personas, dejando
nuestros ropajes de ciclismo en la hostería. El último
día de bicicleta fue el broche de oro: subimos el Cerro Abanico
en vehículo y desde la cima hicimos el descenso de 6km hasta
villa Quila Quina, atravesando una reserva indígena Mapuche.
El descenso emocionante, nos dejó a orillas del Lago Lácar,
donde almorzamos nuestro Pic-nic y disfrutamos la tarde bañándonos
(con un poco de esfuerzo en el agua fría). Luego retornamos
a San Martín de los Andes, subiendo y bajando el Cerro Abanico.
Como balance final nos queda el recuerdo de un grupo espectacular
y
del entorno: una meca para la práctica del mountain bike.
Texto y fotos: Mariano D'Alessandro
Para más información:
4788-1549
info@mtbtours.com
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